"QUERIDO DIARIO" La megalomanía de Chavez




24-07/12 - 11:42 am

Hoy vi algo, hoy vi algo en la tv. Chávez presentó al mundo a través de los medios de comunicación el que sería el verdadero rostro de Simón Bolívar. A mi parecer no difiere mucho de tantos retratos: pinturas al óleo como los colgados en el Museo Nacional... tal vez más narizón por aquello de la tridimensionalidad de ese moderno rostro computarizado.

Y entonces, por un instante, vi los ojitos de Chávez admirando a su ídolo, su alterego, a quien insistentemente le quiere sobrevalorar el papel de líder venezolano, prócer suramericano, ser magnánimo cuyo actos altruistas y heroicos diseñaron un sueño, la utopía de la América del Sur unificada como una sola potencia de naciones primíparas ante un fuero económico ya establecido por el orden mundial del momento.

¿Podría tal semidios empalmador morir? ¿Cómo podría la estirpe caraqueña fallecer por la más mortal de las enfermedades de la época?

Chávez seguía con ese brillito fugaz en los ojos, achinados por sus cachetes abotagados de tantos corticoides y esteroides para esconder su mortal condición cancerígena, mientras le predicaba al mundo sobre la teoría de conspiración de Santander, el generalucho colombiano ese que en su sed egoísta de poder ¡mandó envenenar al Libertador! Las pruebas científicas que comprueban tal versión de la historia, realizadas a unos exhumados huesos pulverizados, comprobarán que Simón no murió, fue muerto.

La megalomanía impide a quien la padece tan siquiera llegar a pensar o imaginar que la mortalidad, aquella nefasta predisposición humana, pueda suceder a quien tiene la real convicción de tener la misión y la visión (cual empresa en busca de certificación de calidad) de liderar grandiosas acciones filantrópicas en toda su extensión sociopolítica bajo la perspectiva que la idiosincrasia de su lugar de nacimiento le haya impreso a las tendencias de su ego omnipresente y controlador.

La mirada de Chávez admirando ese rostro digital la tengo marcada en mi memoria; esa mirada entre ensoñadora, esperanzadora y temerosa, queriendo terriblemente constatar que los grandes líderes no mueren de mortalidad: Si a Bolívar lo envenenaron, a Hugo el cáncer no lo mataría.

El sueño bolivariano solo “es” en los dominios oníricos de quien los vive soñando, de lo contrario nuestra realidad hubiese sido hace rato bolivariana. Así que, esos ojitos bolivarianos que no quieren ver la mortalidad de sí mismo ante la realidad de un cáncer, ese brillito cegador ante la realidad de la mortalidad de antaño de la tuberculosis, son más que el combustible de la maquinaria bolivariana, pues, más allá de la enfermedad o de la conspiración, no existe peor deshonra para un megalómano que perecer fuera del poder o de su gloria.

Sí, eso vi hoy, eso vi hoy en la tv.

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